El arte de ser “Baloo”

¡Esto es un Ripolles! Afirmaba ensimismada la pernoctante de la 2105 a la que acababa de hacer el chek-in hacia escasos 15 minutos. Lo que para Newton fue una manzana, para mi resulto ser una señora enlacada de unos 45 años. Fue allí en la esquina del bloque dos con la estridencia, donde descubrí una colorida obra de arte dos piezas firmada por aclamado artista castellonense.

En ese preciso momento adquirí conciencia del entorno artístico que recorría casi a diario y miraba sin ver. Cual niño con zapatos nuevos mi interés por esta galería hotelera despertaba como lo hacia Baloo después de un largo periodo de letargo.

Tras mi descanso para comer y la pertinente higiene dental, regreso a mi puesto de trabajo con otra visión de mi entorno. Llego entonces al hall y “ahí está estaba viendo pasar el tiempo”. Melchor Zapata. Mejor dicho, una de sus obras. Una espectacular Peñiscola de grandes dimensiones que me recuerda por momentos al oscuro print degradé que utilizo Prada en su colección primavera/verano 2008.

15 chek in y 4 “a que hora es la cena” después, finaliza mi jornada y me recorro a hurtadillas algunos de los inmensos pasillos de resort, descubriendo a mi paso obras firmadas por  Pascual Cándido, Vicente Ramón o Traver Griñó entre otros. Me sentía por momentos François Mitterrand recorriendo el ala Richelieu de la joya parisina museo del Louvre.

Justo hace unos minutos, y con la vista echada en alguna puerta entreabierta que no debía, me he percatado que me queda alguna cosilla por descubrir. ¡Algún día será! El tiempo no es problema cuando hablamos de obras que hibernan, cual Baloo, indelebles colgadas en nuestras paredes.

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